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Cambio de paradigma

El relato es la base del paradigma. No perdamos de vista que el texto que sirve para sustentar las creencias y las religiones suele empezar con un relato, como ocurre con el conocido: «En el principio creó Dios el cielo y la tierra…». Sobre tan sencilla base se construye una teología, una visión del mundo, una colección de valores y el germen de las leyes que gobiernan la sociedad.

El relato

Cada tiempo tiene su relato del origen, y este relato, a modo de constitución, determina casi todo en la sociedad. Por de pronto, la religión ha sido durante siglos un marcador para decidir la pertenencia al grupo, junto con la lengua, y ambas juntas han dibujado la línea a seguir de otros indicadores, y marcas como las costumbres. Además la lengua y las artes han sido vehículos para la transmisión del relato original. Ese que es el origen de todo.

Una vez los miembros de una sociedad asumen las creencias comunes, sienten más intensamente que son parte de la sociedad a la que pertenecen y están más dispuestos a defenderla como propia, frente a otras concepciones, lo que se traduce en una mayor estabilidad social y mayor fortaleza colectiva = ‘todos a una‘. De ahí el interés por difundir una memoria, unos hechos fundacionales y unos sentimientos comunes frente a ambos. Si esos sentimientos son de culpa, especialmente si esa culpa es ‘original‘ y no tiene remedio fuera de lo que marcan los cánones del relato, todos los componentes de la sociedad serán en buena medida rehenes de quien ejerza el poder y controle el relato.

Las religiones tradicionales están perdiendo el control del relato. Intentaron frenar en su momento el desarrollo de las ciencias que tímidamente se atrevieron a poner en cuestión la Historia Sagrada en el Renacimiento, de la mano de Servet, Giordano Bruno, Galileo, entre otros, tal vez porque eso les quitaba poder. El poder que emanaba de unas creencias asentadas y compartidas, que no se podían poner en duda porque eso significaba exponerse a graves consecuencias.

Es ese desarrollo de las ciencias, que tuvieron el florecimiento merecido en la Ilustración, lo que nos lleva a haber heredado, de la Ciencia, un nuevo relato del principio de todo, que aunque no demasiado distinto conceptualmente del origen bíblico, con el que tiene evidentes paralelismos, es muy distinto en cuanto al orden de magnitud de los sucesos, del tiempo transcurrido en el teatro de operaciones y tiene mucho más detalle de la naturaleza de las cosas, del ser humano como centro de todo, y del valor de la propia Ciencia.

Pero no es cosa de que la gente tenga que aprender Física Cuántica, Álgebra o Biología, las distintas disciplinas de la Ciencia, para compartir unas creencias comunes actualizadas. Socialmente sería un consumo de recursos inmenso.

Un nuevo Renacimiento y una nueva Ilustración

Tendría que haber alguna forma de simplificar, de trocear lo que ahora sabemos, en una digestión capaz de hacer asimilable el ‘catecismo’ que se desprende de ello.

Para lo cual hay dos problemas (al menos), que lo hacen difícil, aumentando el esfuerzo necesario:

  • Por un lado hay en marcha varias corrientes de pensamiento muy interesadas, que difunden un relato sectario y tendencioso, creando de hecho los elementos de una nueva religión que se sustenta en un supuesto consenso científico en cuyo núcleo están los nuevos dogmas indiscutibles, que conducen entre otros a la adoración del ‘cambio climático‘ y la sustitución de la Historia por la ‘memoria histórica‘.
  • Los posibles medios para inocular en la población los elementos del conocimiento necesario, están disponibles (redes sociales y medios de comunicación), pero se están empleando para fines espúrios, como realities y noticias tendenciosas, sin ningún rigor intelectual, pero muy efectivas para modelar el pensamiento y creencias de la gente e incluso para implantarles recuerdos que nunca tuvieron. Las redes y los medios tienen un gran poder para manipular y confundir y los mensajes que difunden no tienen la misión de educar, sino todo lo contrario.

¡Cuidado con el reverso de los relatos!

Es innegable el servicio y la herencia que nos han dejado las religiones en el pasado, aportando valores y creando unas condiciones sobre las que consensuar una convivencia, cada una en su grupo de creyentes. –Pero en el reverso de lo que aporta su relato está el retraso en el desarrollo del conocimiento tal como ahora lo valoramos, con el consiguiente retraso en la mejora de las condiciones de vida de la gente y del sometimiento a los que han controlado su relato.

De la misma forma, es innegable que el clima va cambiando a lo largo de las eras geológicas, y eso puede crear problemas e inconvenientes, incluso más desgracias de las necesarias. No queda tan claro que la causa de ese cambio sea principalmente la acción humana (sino más bien la radiación solar, la evolución geológica y las corrientes marinas), con lo que el relato actual del cambio climatico por calentamiento global atribuye injustamente un ominoso ‘pecado original’ a la Humanidad. Tampoco quedan claras las consecuencias nefastas si ese cambio incluye más CO2 y calentamiento en la atmósfera, que son curiosamente las condiciones ideales para el crecimiento de la vegetación, que, además de prosperar de manera notable, absorbería el sobrante de CO2, principal constituyente de su materia viva. –Por todo ello, creer a pies juntillas en un cambio climático origen de todos los males tiene un reverso de persecución, irracional pero efectiva, al infiel del nuevo relato y paradigma.

No hay duda de que a lo largo de la Historia se han producido hechos y sucesos horrorosos, de violencia y opresión y es bueno que se sepa. Pero, por un lado no pueden exhibirse por parte de ningún grupo como acusación a los demás que ‘no compren’ un determinado relato, entre otras cosas porque los ciudadanos de ahora no vivieron en la época objeto de la memoria, con lo que no pueden ser responsables de nada, y tampoco está claro que debamos juzgar los hechos de un tiempo pasado, tal cual, con los parámetros y criterios de nuestro momento actual. –El reverso de un relato sesgado de la Historia es la demonización de los opositores al relato oficial.

Cambiar el paradigma

De todo lo anterior, creo que queda claro que necesitamos un nuevo paradigma, incluyendo un nuevo relato que se base en la investigación y la difusión del conocimiento (no de las creencias inducidas interesadamente). Por ejemplo, nada impide que, en este estadio de desarrollo de la Humanidad, que asumamos:

  • La importancia del conocimiento para el bienestar de la gente, –pero no ceder frente a la ignorancia basada solo en creencias y suposiciones sin confirmar.
  • La necesidad de evitar el despilfarro de energía y recursos, procurando crear un entorno agradable y moderado, –pero sin perjudicarnos a nosotros mismos con exigencias caprichosas sobre el medio ambiente.
  • La necesidad de erradicar la violencia como medio de solventar los conflictos, — pero empezando por respetar los derechos de los demás.

Sobre todo, todo lo que planteemos ha de ser respetando el derecho a pensar distinto (lo que viene siendo librepensamiento), asumamos por tanto prioritariamente :

  • La inutilidad del integrismo de cualquier clase que pretenda imponer por la fuerza un determinado relato cargado de culpa que pueda parecer bienintencionado, –pero que sirva de excusa para que una oligarquía se aproveche de ello, coaccionando las conductas en la sociedad.

Debe haber alguna forma de tomar lo bueno de los relatos imperantes, sin caer en los errores del pasado y desarrollar un paradigma o modelo de la sociedad en el que tengan cabida y respeto los disidentes. Pensemos que el desarrollo científico y en general el desarrollo intelectual progresa con el contraste o la oposición de ‘lo nuevo’ frente a lo generalmente aceptado pero inexacto y nunca mediante un consenso ovejuno.

En este contexto, de fomento del progreso por contraste con lo generalmente aceptado, me viene a la mente la frase célebre atribuida a Albert Szent Gyorgi:

Investigar es ver lo que todo el mundo ha visto, y pensar lo que nadie más ha pensado.

Esta frase es una invitación implícita al librepensamiento y tiene dos vertientes interesantes:

  • Cualquiera puede investigar, simplemente pensando que las cosas pueden ser distintas de como creíamos todos.
  • El conocimiento en la investigación no se obtiene por consenso, sino por contraste con lo generalmente aceptado, que es lo que piensa todo el mundo.

«Hágalo usted mismo»

Me da a mi que estamos en el borde de alguna forma de cambio radical de nuestro modo de vida, al menos tan profundo como fueron el Renacimiento y la Ilustración. Sin embargo, así como en aquellas dos grandes revoluciones del pensamiento y de la política, en la práctica fueron determinados grupos sociales los que lograron cambiar el mundo (ciertas élites y la burguesía), ahora, en cambio, todos tenemos un pequeño medio de comunicación en el bolsillo que llamamos móvil, celular o smartphone y podemos influir, con nuestras opiniones y propuestas, en este cambio.

Para ello el primer paso es: no te fíes de nadie, piensa por ti mismo, y no dejes que te coman el coco con relatos de nuevas religiones que te quieren hacer culpable y a cuyo frente hay nuevos sacerdotes, que manejan el relato y el poder y obtienen grandes beneficios.