Dioses en guerra en las azoteas de Madrid
Visitando la Ciudad ocurren aventuras imaginarias y extrañas, dignas de una épica ya olvidada. Hay seres de naturaleza no humana, que hacen de nuestro mundo un parque temático para sus hazañas. Veamos el safari fotográfico por esos universos. Cualquier parecido con personajes y nombres reales es pura coincidencia.
Hay vigías, siempre en lo más alto, preparados para verlo todo y avisar de los peligros.

Seres alados y leales.

En diversos lugares, también en los menos pensados.

En lo más alto. Pasan desapercibidos allí arriba.

Dicen que esta vez han visto algo anómalo. Un intruso terrible, oscuro. Posiblemente el Gran Invierno a lomos de una temible ave, también oscura, que le transporta aprisa por el aire. Avisan, los vigilantes, enseguida al Rey-Caballero, guardián de la Ciudad-Metrópoli.

Éste decreta: «es precisa la movilización general!»

Las cuadrigas, han de estar siempre listas para el ataque.

Los leones, que miren bien para que no escape por tierra.

Y Palas Atenea, la hija predilecta de Zeus, con su gran sabiduría y experiencia en combate, ¡será la que dirija las acciones de defensa!

Desde lo alto, movilizará y dirigirá todos los efectivos disponibles.

Las Cariátides no dan crédito. Quisieran ponerese a salvo. Pero no pueden abandonar el lugar, pues soportan las paredes.

El niño advierte movimiento y se asusta, su madre sabe la que está a punto de armarse y observa atenta.

Siempre hay quienes, sin tener otra cosa mejor que hacer, se sientan cómodamente a ver el espectáculo.

Se apela a la Justicia, en nombre de la Civilización, para que las acciones guerreras sean proporcionadas a la amenaza. Ella hará de árbitro.

Pero mientras tanto, Atenea ha avisado a Diana, luminosa, que hace puntería y tensa su arco, rodeada de su jauría. Su valor y arte son parejos a su belleza. Está lista.

¡Ahí está! Ha divisado ya al Frío Invierno, el Enemigo Oscuro, que se acerca amenazador, a lomos del Gran Pájaro Oscuro. Si no le detienen, lo dominará todo con su fría oscuridad y esclavizará a los ciudadanos, que perderán la luz y el calor del Sol y, lo más importante, su Libertad.

Diana apunta bien. Sabe de su responsabilidad. No puede fallar. Aprovecha cuando el enemigo está suficientemente cerca, desafiando el peligro. Le lanza al intruso una flecha certera. Ha hecho su trabajo. Ahora, lo que pase ya no depende de ella.

Parece que herido fatalmente, cae el Gran Frío Invierno, el Jinete Oscuro sobre el monstruo alado, al tiempo que un horrible alarido de dolor se escucha en el cielo. Así, de un solo golpe, acaba la amenaza.

La Ciudad-Metrópoli sigue su vida, inadvertida del peligro y de la eficaz defensa protagonizada por sus diosas de lo alto.

Se ha restituido la paz y ha triunfado la Justicia. Se ha declarado la Primavera.

El Rey-Caballero está orgulloso de su Ciudad, de su gente y de todos sus habitantes.

Los cielos estarán ahora poblados, de nuevo, de vecinos menos intimidantes. Pronto llegará el Verano.
