No somos nadie
Me atreví a cambiarle la batería a un portátil en casa. Tras averiguar por indicios el modelo hice un pedido por Amazon para sustituir la pieza vieja por una nueva. Toda la magia de la pantalla en el uso normal de estas máquinas se desvanece al operar, porque se ve que por piezas no somos nadie.
Los fabricantes de PCs emplean un lenguaje críptico, que hay que desentrañar para saber qué llevan las máquinas dentro. Casi todo está escrito y deja rastros que si uno tiene la necesidad de seguir y la paciencia suficiente, amén del atrevimiento de hacer un pedido sin saber si vas a acertar o si saldrá rana, pues puede dar los frutos.

Los rastros e indicios vienen en forma del nombre del modelo impreso en letras minúsculas en medio de una jerga bastante ilegible. Una investigación en Google conduce con una alta probabilidad a identificar el modelo del repuesto. Varios videos de youtube muestran el proceso operativo del reemplazo. Anima ver que los videotuberos supuestamente expertos no son unos manitas, y uno (o sea yo) con sus propias manos y sin experiencia previa quizá pueda tener éxito con el desmontaje (y montaje posterior) sin daños. El combustible para la operación es que un PC semejante anda hoy en día por más de 1.000 €, que ya escuecen un poco, y una batería, aun con riesgo de que no sea la que toca está por menos de 30 €.

Averiguado el posible modelo y pedido por internet, llegó en 24 horas, y ahora se trataba de ver si realmente era el válido y hacerlo todo sin daños.

El atrevimiento es muy grande, cuando se trata de una causa justa. Tras pasarlas mal un rato, sudando la gota gorda a más de 30 º de este fin de primavera alcalaíno, logré el desmontaje indoloro.

Con emociones encontradas. Por un lado la alegría de que no había roto nada y en último caso podía volver a reconstruir el aparato, además de ver que el nombre impreso del modelo de la pieza aun en su sitio coincidía con el nombre impreso en el repuesto comprado. Por otro lado constatar que se había perdido la magia al contemplar con resignación que no somos nadie. Lo que se veía era un conjunto de artefactos o piezas ensamblados en un orden preciso pero al mismo tiempo caprichoso, que solo hacían gracia cuando salian en la pantalla los documentos, textos, imágenes vídeos que se manifiestan según las órdenes dadas en el teclado y el ratón, tras arrancar el PC. Todo fue bien, según lo previsto.

Igual que le pasa al portátil, también los seres vivos tenemos por dentro un montón de piezas, muchas más y más complejas que las del PC, con un modelo adecuado para cada ser vivo, que funcionan admirablemente ensambladas, pero que no tienen ningún sentido ni magia ninguna cuando están cada una en un sitio desmontadas de su lugar de actuación. La vida es sinónimo de magia. El conjunto es mucho más maravilloso que cualquiera de sus partes. Cuando, debido a nuestra naturaleza nos tenemos que alimentar de otros cuerpos de seres vivos no somos conscientes de lo que significa reutilizar su ser para mantener el nuestro. O no tenemos en cuenta la maravilla de lo que hace un cirujano reparando en el quirófano un cuerpo nuestro averiado. Es una reflexión ociosa, casi odiosa, pero que me viene a la mente tras el montaje, esta vez con éxito, de la pieza estropeada en el ya veterano PC.
Conclusión: vivimos sin pensar lo maravilloso que es estar vivos y poder disfrutar de todo lo que nos ofrece la existencia, incluido el alimento y los artilugios que utilizamos para facilitar nuestra estancia mientras dure.
