Los cuatro niveles de organización
El ser humano es una organización muy sofisticada (habitualmente diríamos «un organismo») que se manifiesta en sus respuestas a los estímulos del medio. No es sólo el nivel atómico, ni el biológico sino que a estos dos añade el cognitivo o consciente. Podría existir un cuarto nivel? Quizá deberíamos buscarlo.
Nuestro universo es caótico, o como mínimo tiende al caos, al aumento de la entropía, dirían los físicos. Es un hecho, como propuso Ilya Prigogine, que de ese mismo caos, en sus procesos espontáneos de evolución, surgen estructuras. Son lo que genéricamente llamamos fenómenos emergentes. Cada nivel de organización tiene sus propias reglas, que se solapan y envuelven todo. Veamos este detalle a continuación:
Nivel atómico
Este nivel de organización que es el objeto de la Física Cuántica, se nos asemeja un mundo extraño, donde casi nada se puede conocer con seguridad, en donde se siguen reglas que parecen absurdas, en donde pueden aparecer partículas de la nada, para desaparecer del mismo modo. Pero si nos fijamos un poco y dejamos libertad a las partículas, átomos y moléculas, observamos que todas siguen unas reglas muy precisas: conservación de la masa+energía, obediencia a los campos gravitatorio, electromagnético y nuclear, formación de enlaces entre átomos con las estructuras electrónicas externas adecuadas, etc. De la existencia de la materia en continua interrelación se produce un fenómeno emergente, que es un comportamiento preciso para la formación de todo tipo de estructuras que llamamos sustancias. A nivel subatómico estas reglas son el objeto de la Electrodinámica cuántica tal como la presentó Richard Feynmann. Los átomos no son tontos.
Nivel biológico
Este nivel de organización es el objeto de la Biología en sus diversas especialidades. Cuando se inventó el microscopio y se descubrió que estamos rodeados de un mundo de pequeños seres vivos capaces de producirnos enfermedades y muerte a nosotros, tan superiores en apariencia, empezamos a conocer que la materia, en su afán auto-organizatorio, había logrado transformarse en otro tipo de seres. Los seres vivos, son capaces de buscar su supervivencia, auto-replicarse y transmitir una información muy valiosa a siguientes generaciones. Todo ello obedeciendo unas reglas muy precisas, sin olvidarse de seguir también las reglas del nivel atómico. Lynn Margulis dijo que la vida es un fenómeno bacteriano. Los organismos complejos son auténticas colonias de bacterias y otras células formadas en su origen por combinaciones bacterianas. La vida (y sus atributos básicos: relación, alimentación y reproducción), es un fenómeno emergente de la organización de los átomos. Ya hablamos en este blog de Stuart Alan Kauffman y el metabolismo autocatalítico. Las bacterias, y en general las células, no son tontas.
Nivel intelectual o consciente
Las agrupaciones celulares cada vez más complejas forman seres cada vez más especiales, capaces de actuaciones muy sofisticadas debido a la cantidad creciente de sensores desarrollados para captar estímulos del medio y órganos de análisis crecientemente mejorados. Sin duda todos los seres vivos complejos, tanto las hormigas como los humanos, tienen conciencia. Parece que el nivel conciencia es mayor cuanto más complejos son los órganos de evaluación de los estímulos recibidos del medio. Por eso se relaciona un mayor tamaño del cerebro con un mayor nivel de raciocinio. Pero desde incluso seres unicelulares como los paramecios, todos los seres vivos son conscientes, a su modo, de su situación y opciones de pervivencia actuando con las adecuadas respuestas a las amenazas. En el ámbito humano el comportamiento está estudiado por la Psicología, la Sociología, sobre todo por la Economía y otras varias especialidades. Además de reaccionar con estímulos captados por sus órganos de los sentidos, la materia de la que están formadas nuestras células vivas reaccionan, siguiendo reglas muy precisas, a estímulos biológicos no conscientes e incluso a estímulos físicos que, en nuestro día a día, se consideran parte del propio medio ambiente, sin entrar en detalles. La conciencia es un fenómeno emergente de la existencia y agrupación de células vivas que forman seres colaborando en suficiente número y organización, pues la conciencia requiere capacidades de comunicación. Recordemos el post sobre la conciencia del enjambre, en el que rendíamos homenaje a Roger Penrose entre otros investigadores. En el ambiente social humano esa conciencia se manifiesta en las relaciones entre personas, la elección de los medios de vida y en el intercambio de bienes y servicios, en pos de la optimización y la mejor productividad de nuestros recursos. Las agrupaciones de personas que llamamos países tienen comportamientos definidos, a veces eficientes, a veces equivocados, como nos explican estos investigadores: Daron Acemoğlu y James A. Robinson en este post sobre por qué fracasan los países. Los seres conscientes no son tontos.

El cuarto nivel, que apenas imaginamos: sería un buen final
Las leyes de la biología conviven con las leyes físicas. Las leyes del comportamiento de los seres conscientes incluyen el seguimiento de lo que dicta el comportamiento biológico y físico. Es decir, el comportamiento de todos los seres es respuesta a los estímulos de todos sus niveles de complejidad. Los seres humanos podemos imaginar la existencia de un futuro mundo nuevo donde sigamos todos unas nuevas reglas válidas para el conjunto. Es una tarea que excede la capacidad individual, incluso de los grupos que llamamos naciones. Anticipo que ese siguiente nivel de organización no es lo espiritual, sino que es relativo a la interconexión global y directa de los seres humanos, conscientes. La dificultad de avanzar en este sentido resulta de la orientación práctica de los sentidos hacia la propia supervivencia individual, léase egoísta, y nuestra limitación evidente frente a amenazas que nos superan. Habrá que esperar seguramente otras generaciones que eviten a toda costa nuestra propia auto-destrucción, que finalmente sean capaces de crear ese nivel superior de organización. Históricamente, ha habido maestros notables que preparaban la construcción de un mundo nuevo. Pero también ha habido algunos iluminados que han aprovechado el desconocimiento de la gente, para proclamar que conocían los designios de alguna divinidad (o alguna ideología directora hacia «el lado bueno de la Historia») y así lograr adeptos (y sobre todo el poder) para aprovecharse en su propio lucro y beneficio. Pero si razonamos un poco, al igual que los anteriores niveles de organización, el siguiente nivel de organización, con súper-inteligencia, será necesariamente un fenómeno emergente, producto de la suficiente interrelación de multitud de seres intelectuales o conscientes para desarrollar y organizar espontáneamente la vida en común. Esa súper-inteligencia, además de sus propias normas, tendrá que respetar y seguir todas las reglas de los seres conscientes, o sea las económicas, también las de la biología y las físicas de la materia. Será por tanto el resultado de la integración de seres humanos, actuando coordinadamente en armonía (no unos contra otros). La súper-consciencia no estará formada por ordenadores o IA, ni será inmaterial, sino que será humana, pero necesitará un mundo pacífico y sin iluminados para poder establecerse y darnos una existencia mejor. La súper-consciencia no es tonta.
Conclusión
Yo creo que a la humanidad le esperan dos cosas: empezando por la buena,
a) vivir en paz unos con otros contribuyendo al bienestar conjunto,
pero antes de eso el drama de un auténtico parto de una nueva sociedad en la que podamos vivir con respeto e ilusión en paz. La salvedad es que en ese parto podemos provocar, si no lo hacemos bien, la alternativa,
b) nuestro propio final y la auto-destrucción.
Seguramente mi generación no vivirá ese episodio, pero nunca lo hemos tenido tan cerca.
