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Bolígrafo BIC, ejemplo de diseño

El primer bolígrafo que yo tuve fue un «BIC cristal» que escribía en rojo, hacia 1960. No me duró mucho porque otros críos de la clase, más brutos, me lo quitaron. En los últimos 65 años he usado centenares de bolis BIC. Hay algo en la marca que la hace única.

Los sistemas de escritura de los alumnos habituales en la escuela hace 65 años eran lápices (de grafito) y plumillas con palillero y tintero. Los ‘mayores’ tenían alguna pluma estilográfica. Los bolígrafos se estaban introduciendo en aquellos días. En las ‘imprentas’ locales podíamos rellenar la tinta del bolígrafo cuando se terminaba, con lo que eran de hecho recargables, como las estilográficas.

Escribir con plumilla y palillero era muy edificante porque se mejoraba la caligrafía, pero siempre estaba el riesgo de que se derramara la tinta y aterrizara en el guardapolvo o ‘babero’, con la consiguiente burla de los vecinos de clase y la reprimenda en casa por la mancha, a veces causa de tener que sustituir el ‘babero’, ya que no estaba la economía para gastos superfluos. Esa pudo ser una poderosa razón para que se introdujera rápidamente el uso del bolígrafo en la escuela. El más popular era el «BIC cristal», que estaba diseñado como un lápiz hexagonal, pero que no se iba acortando con el uso como hacen los lápices y a través de la pared de su tubo, transparente, mostraba la cantidad de tinta que aún albergaba la mina de su interior.

Poco después de la popularización del ‘boli’, un proceso de investigación espontánea llevado a cabo por los alumnos del colegio, demostró que el boli «BIC cristal», además de servir para escribir con tinta sin sufrir las consecuencias del derrame del tintero, resultó ser una buena cerbatana para disparar proyectiles diversos (quitándole antes la mina y el tapón de atrás). Se podían impulsar soplando por su tubo, a gran velocidad y a una distancia de unos pocos metros, bolitas de papel, granos de arroz o pequeños frutos de «lidón», que son mini esferas verdes y cuyos árboles (llamados almez) oportunamente crecían en la acera del colegio. Generalmente los disparos pasaban desapercibidos por el maestro y sin excesivas consecuencias, aparte la de hacer las clases más soportables. Los libros tenían pocos dibujos y eran en blanco y negro.

No olvidemos que con el invento de los cassettes (o casetes), los bolis BIC tuvieron otra utilidad gloriosa, ya que permitían desatascar los malos enrollamientos de las cintas del cassette cuando se liaban en el reproductor. Los arqueólogos del futuro seguro que se van a perder muchos significados y vivencias de nuestro siglo, a menos que haya alguien que estudie las extrañas coincidencias de las dimensiones de los artefactos de nuestra época, como las de los ejes de las ruedas de los cassettes y las de las paredes del hexágono de los BIC.

Un tío mío tenía una tienda de papelería y me regalaba un puñado de bolígrafos cuando le visitaba. Eso era causa de felicidad. Yo creo que ese detalle haría más tarde que me convirtiera en un aficionado a los instrumentos de escritura, como prueban varios posts publicados en este mismo blog. La siguiente imagen contiene una muestra de bolígrafos, ‘fijos’ y ‘retráctiles’ del universo BIC:

Varios modelos de bolígrafos Bic actuales (2026)

Vamos a fijarnos ahora, además de la forma y disposición en lo esencial de un bolígrafo que es su punta conteniendo la esfera. Tomaremos uno con escritura ‘normal’ o ‘media’, como es el retráctil azul segundo por la derecha y uno con escritura más gruesa, o ‘large’, que es el modelo BIC cristal color azul turquesa, quinto por la derecha.

Un BIC retráctil, el BIC M10 y uno fijo, el BIC Cristal Large Color Turquesa

Se trata de dos modelos ideales para escribir o marcar. El diseño está pensado en ambos casos para conseguir un uso agradable. El BIC M10 retráctil con bola ‘normal’, de 1 mm de diámetro, permite usarlo inmediatamente sacando la punta con una sola pulsación en el botón que tiene en el tope, muy original porque para volver a recoger la punta se hace pulsando el mecanismo en el lateral, sin los típicos ‘clics’ en ninguno de los dos casos. El tamaño, formas redondeadas y su resemblanza con un antiguo modelo de los años 60, lo hace realmente agradable. En cuanto al BIC cristal azul turquesa con bola ‘gruesa’ de 1,6 mm de diámetro, de escritura más ancha, no tiene mecanismo para iniciar a escribir y terminar, sino que depende de quitarle o ponerle el capuchón. Es por tanto un modelo ‘fijo’, que mantiene la misma forma, tamaño y funcionamiento que los primeros BIC de los años 60. Insisto en ambos conceptos, que evocan no solo diseño, sino también permanencia. Examinemos ahora las puntas:

Detalle de las puntas de los dos modelos elegidos para el comentario

Observaremos, con esta imagen que amplía las puntas, la diferencia entre una esfera de 1 mm y una de 1,6 mm de los dos modelos. Aunque no se distingue tanto el ancho de la escritura de ambos sobre el papel, está claro que BIC ha elegido los tamaños de las esferas para los distintos usos que uno puede darle a sus productos. Las tintas también son de tal característica que la escritura es fluída en ambos casos, adaptada al uso y al diseño específico. BIC no solo ha mantenido su espectacular diseño, y su permanencia durante largo tiempo, sino que además busca y consigue la vigencia de estos instrumentos de escritura que, sin abandonar la sencillez, son suficiente sofisticados para ser estupendas opciones en nuestro tiempo para distintos usos, a pesar de los cambios que han sucedido en nuestro mundo del siglo pasado a este. Pensábamos en diseño y hemos visto que hay algo más.